La computadora como amigo, como oportunidad y como experiencia

A las puertas de la revolución de la mano de la computadora

A lo largo de la historia, la humanidad ha sufrido cambios importantes derivados de sus propias invenciones. La máquina de hilas, por ejemplo, nos encaminó hacia lo que más tarde llamaríamos la Revolución Industrial. En la Edad Media, la imprenta de Johan Gutenberg llevó los libros hasta la clase media, dejando de ser así la lectura un privilegio de la nobleza.

En la segunda mitad del siglo XX, la aparición de la computadora nos permitió procesar enormes cantidades de datos y nos puso de cara ante una nueva revolución, la de la información.

La computadoraDurante las últimas tres o cuatro décadas, la computadora ha facilitado muchas de las funciones en nuestras oficinas, ha operado máquinas y equipos industriales o nos ha facilitado cálculos tremendamente complicados, por mencionar solo algunas de sus funciones. Sin embargo, el verdadero poder de la computadora y las maravillas de la era de la información aparecen vagamente en nuestro horizonte.

Hoy en día estamos rodeados de una industria tecnológica, por todo lado se ve la computadora, cada vez más competitiva y de empresas que evolucionan constantemente, factores que sin duda alguna darán el empuje que necesita la era de la información.

En los primeros años de este nuevo siglo habrá cambios importantes. La información fluirá de forma instantánea a través de todos los niveles de una organización, desde el gerencial hasta el operativo. Los empleados de nivel medio, que son lo que mejor conocen el funcionamiento de una empresa, podrán tomar decisiones con información confiable y actualizada permanentemente. Las empresas serán más eficientes ya que sus empleados estarán mejor capacitados y trabajarán con mejores herramientas.

Empresas enteras encajonadas en enormes edificios serán solo un recuerdo de los siglos anteriores. Crecerán las pequeñas y medianas oficinas ubicadas en diferentes provincias y países, unidas por poderosas redes de comunicación y sistemas de cómputo. Las empresas estarán cada vez más cerca del cliente.

El papel prácticamente desaparecerá de las oficinas y dará paso a los formularios electrónicos, minimizando costos y mejorando los tiempos de respuesta. Poco a poco, los trabajos netamente operativos se transformarán en técnicos con más responsabilidades y mejor remuneración. Nuevas fuentes de empleo aparecerán gracias a la expansión que sufrirán las organizaciones.

La computadora, y el uso de la Internet ya no será un aparador para nuestros productos y servicios. La Red será más que un lujo, una necesidad. Una persona tendrá millones de servicios y productos a solo unas cuantas teclas de distancia o a varios click de ratón. Las fronteras prácticamente desaparecerán y el comercio internacional nunca habrá sido tan fácil.

Cada día ser harán más populares los dispositivos inalámbricos para ampliar el poder de la computadora. Disfrazados de organizadores y teléfonos celulares, tendremos computadoras de bolsillo desde las cuales haremos prácticamente todo, desde pagar nuestros impuestos hasta comunicarnos con nuestros parientes en otros países. Comparar acciones en el Nasdaq mientras viajamos en un taxi no será un problema. El papel moneda poco a poco irá despareciendo.

Estos y muchos otros miles de cambios tienen su razón de ser en la cada vez mayor importancia del uso apropiado de la información y de las oportunidades que ofrece un mundo totalmente conectado. Sin embargo, junto con estos cambios aparecen nuevos riesgos.

La subsistencia de una empresa ya no dependerá tanto de las grandes inversiones económicas, sino de la generación de nuevas ideas y de la exploración de novedosos mercados. Adaptar nuevas tecnologías y asumir una actitud positiva hacia el cambio será la obligación de cualquier organización que no desee ser superada por otra más eficiente.

El uso apropiado de la tecnología y de la computadora sin dejar de lado el desarrollo de productos y servicios cada vez más inteligentes será la mejor arma de una empresa sobre su competencia.

Aún quedan muchos países latinoamericanos que no creen en la era de la información. Monopolios estatales en telecomunicaciones e Internet, sindicatos protectores de intereses personales, altas tarifas por servicios y el poco incentivo para el desarrollo empresarial son solo algunos ejemplos de las barreras que impiden que la revolución de la información nos alcance a todos por igual.

Un cambio de actitud generalizado a favor de la tecnología será el primer paso que debemos dar en la larga carrera de la era de la información.

Estén preparados para exigir a sus gobiernos, líderes políticos, empresarios y representantes sociales a que de una vez nuestra región alcance los niveles de acceso a la tecnología que disponen otros países. Es imprescindible para el desarrollo de Latino América.

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